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De locos



La pared verdosa rasgada por las uñas de un loco, atado a hombres de otros tiempos, invisibles, pero lo tocan y de qué forma; alma, espectro, introspección de la cual no sale, y se libra, o no se libra, depende del día: llora cuando no lo logra, ríe desaforado cuando consigue la empresa, pero se sigue viendo en un cubo blanco, la usencia de colores no matiza su locura, ahí se queda, aunque sigue rasgando, sangra, y los dedos quedan huérfanos de uñas: dolor, gritos, desesperación, el otro yo habla, el otro yo del otro yo habla, el otro yo del otro yo del otro yo habla, y la cadena se expande, entre eslabones queda él perdido. En eso un médico se acerca; acaricia con la luz de su lámpara las pupilas del loco, el loquero se desfigura, los ojos le dan vueltas, se salen, entran, rugen, la lengua serpenteante, los pelos a la moda Einstein, luego un hongo lo rebasa, y entonces nada… La voz del psiquiatra se convulsiona y éste cae al piso con una sonrisa guasonesca, es cuando la mujer del loco tiene que traer al quinto galeno, porque no hay quinto malo.

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …