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Mostrando entradas de abril, 2013

Publicación en revista Cuadrivio

Les comparto un relato de mi autoría, “Vidas privadas”, que ha sido publicado en la revista Cuadrivio.  Aquí el enlace: http://cuadrivio.net/2013/04/vidas-privadas/

Incertidumbre

El aleph encontrado en Monterroso

Monterroso le encontró a Borges ese otro (s) Aleph que “hay (o que hubo)”: la Araucana de Alonso de Ercilla. También vio esa misma “esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor”, en fray Bernardino de Sahagún, en Chamfort, en un espejo adivinatorio de Moctezuma II. Claro que Borges hubo encontrado los propios por su cuenta. Entonces, pienso en que la capacidad para encontrar ese vínculo mágico radica en el tiempo; una vez que pierdes las ataduras del tiempo, dejas de ser parte de un momento de tiempo determinado, para ser parte de todos los tiempos. Así, y solamente si algún día encuentro el mío, podré ver todo lo que él contiene y no es otra cosa más que el infinito. Claro que hay una alta probabilidad de que no lo encuentre nunca. Entonces sí que mi muerte estará asegurada.

El vaso que fue hombre

En un ayer vivió un hombre vaso. Sobre una vieja mesa de lámina pasó toda su vida. Claro, primero fue un vil vaso y después fue hombre; lo fue porque un día logró pensar, no porque tuviera alguna otra similitud con el ser humano. El hombre vaso fue olvidado seguramente por una mano que un buen día lo soltó y jamás regresó para levantarlo. En ese estar inmóvil –clímax del aburrimiento- el vaso consiguió lo inexplicable: pensar, y en esas estaba, descubriéndose, maravillándose por lo nuevo cuando de pronto se sintió húmedo, reaccionó y vio en su interior un charco de agua. El vaso que ya era hombre trabajó y forzó su pensamiento durante meses hasta que un día logró llenarse de agua hasta su mitad; sin embargo, quería más. Pasó años pensando y pensando hasta el hartazgo, para ver si así conseguía llenarse de agua hasta el tope: quería derramar el líquido, otra vez no pudo. Al hombre vaso lo abrazó la depresión y en un arranque de locura, utilizando toda la fuerza que podía tener como vas…

Letras muertas

Hoy no quiero escribir para que me entiendas tú, y sí todos; jugando al lenguaje arrogante, sin decir que en lo oculto lo “culto”, te dejo la preterición. Lo hago en el entendido de que me rebusco en el litote. Y sí, cómo saber el fondo entre tanta inacción –símbolos dormidos- cuando el grito debería ser claro, fuera de la burbuja para ser oído y que no solamente se quede retumbando en las paredes de lo de siempre; eso que en medio de los símbolos del lenguaje está ya muy rancio.
Te digo claro y seguro que prefiero el universo con todos los planetas y claro, la tierra, con lo que en ella habita; causar la creación primera. Así, el decir claro de lo simple irá de cabeza en cabeza, en una constante renovación; en la ida –siempre ida nunca vuelta- a lo futuro, consiguiendo con ello la eterna búsqueda de la letra: trascenderse para ser leída.


Publicación en revista Letralia