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El aleph encontrado en Monterroso


Monterroso le encontró a Borges ese otro (s) Aleph que “hay (o que hubo)”: la Araucana de Alonso de Ercilla. También vio esa misma “esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor”, en fray Bernardino de Sahagún, en Chamfort, en un espejo adivinatorio de Moctezuma II. Claro que Borges hubo encontrado los propios por su cuenta.
Entonces, pienso en que la capacidad para encontrar ese vínculo mágico radica en el tiempo; una vez que pierdes las ataduras del tiempo, dejas de ser parte de un momento de tiempo determinado, para ser parte de todos los tiempos. Así, y solamente si algún día encuentro el mío, podré ver todo lo que él contiene y no es otra cosa más que el infinito. Claro que hay una alta probabilidad de que no lo encuentre nunca. Entonces sí que mi muerte estará asegurada.

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …

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