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Cofradía de indivisibles

El silencio es el complemento de la soledad; una no funciona sin la otra, son siameses; nacieron para vivir acompañados: vaya ironía, ¿no? Son indivisibles, una no podría subsistir sin la otra, es como quitarle el corazón al ser humano, es como quitarle el olfato al perro desdichado que se pega al pavimento buscando rastros de algún desperdicio. La soledad y el silencio es una sociedad de amantes predestinados al gozo de ver el sufrimiento de sus víctimas al sentirlos cerca.
Una la hace de captor, está ahí, expectante, observando, no se desespera, sabe que caerá el desdichado en algún momento. Tiene que esperar el momento preciso en que su víctima se encuentre lo suficientemente cerca como para rodearlo con su manto cadencioso e invisible.  El pobre tipo se da cuenta de que la soledad lo ha abrazado cuando comienza a sentir frio y el vacío de saber que, en donde está, nada hay. El desdichado mira a su alrededor y busca lo que ha salido por la puerta -puede ser una mujer-,y es en ese momento cuando se tira en la cama, suspira y siente cómo sus oídos son invadidos por una energía que lo presiona. No hay ningún ruido, simplemente siente una opresión y la victima solloza, pero el silencio y la soledad ahora ríen en sus adentros, mientras la fría y triste sombra del infortunio te acaricia, pero no para reconfortarte, no para decirte que todo estará bien sino porque ya les perteneces, a la soledad y al silencio de donde será muy difícil salir aun queriendo,  ¡aun queriendo!

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …