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El hambre del cronopio (homenaje al maestro Cortázar)



Por la calle camino, con el pelo medio largo, peinado por las manos de la almohada y sigo. Veo a lo lejos la librería, ahí está, es bueno recordar donde deja uno las cosas, después del inevitable autoencierro cronopio. Pregunto al encargado en dónde está su sección de Literatura Latinoamericana, pero él me dice que no hay tal, que en su librería todo está revuelto, suelto un “ah” y voy tentando los lomos de los libros. Niego a cada tentada…, en eso, encuentro a un autor cronopio: Daniel Sada; de inmediato lo llevo conmigo, pero la sed aún no se quita y sigo. Tropiezo con una columna de libros que hacían de atalayas antes de llegar a la parte posterior de la librería. Después de la dificultosa tarea de encontrar a otro autor cronopio latinoamericano, fui a pagar a la caja, feliz, y salí de entre los olores a tinta, papel y viejo. Cuando estuve a punto de marcharme de allí, vi a dos famas que venían directo hacía la entrada de la librería, pero justo cuando iban a dar el primer paso dentro de la misma, se detuvieron en seco.

-¡No puede ser! ¡Qué desorden!

-Vámonos de inmediato… Nos tomará todo el día encontrar algo que valga la pena.

Y sacudiéndose los trajes, los famas dieron media vuelta y desaparecieron.

Yo regresaría a casa saboreando el par de libros que llevo en una bolsa colgando de mi mano, pensando en qué hacer para conseguir dinero suficiente y seguir alimentándome.


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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

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Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …

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