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Eterno seductor noctámbulo


Las cortinas de las ventanas se contoneaban por el viento. Ella, recostada sobre la cama, cubierta por la sábana blanca que caía rendida en su cintura; me esperaba sin saberlo. Sus pechos seductores, escondidos detrás de la blusa de arrugada forma. Su boca entreabierta; el sonido de su respiración me buscaba… El castaño cabello recostado sobre la almohada, haciendo formaciones como de cuchillas afiladas para ahuyentar al que osara entrar en sus aposentos -ante él, las puntas del cabello pierden la valentía-, y sus parpados cubriendo sus ojos almendrados. Toco suavemente sus mejillas, se queja, pero no abre los ojos; las piernas de ella se mueven por debajo de las sabanas… De pronto se queda quieta. El viento me acompaña y me empuja a sentirla en la apacible noche donde todo me pertenece y puedo ser yo. Su piel delicada, blanca que resalta entre las nubes de donde fui expulsado y zaherido. Los labios de ella los toco con mis dedos, la luna se esconde, la ventana se cierra y detengo el tiempo. Aparto las puntas puntiagudas de cabello con mis dedos filiformes hasta que el cuello de la dama queda expuesto. Abro mi boca, mi naturaleza se expone. Pronto sabrás lo que soy; te lo prometí la noche anterior donde suplicaste mi amor para toda la eternidad -entre el suspiro de la joven y el sonido de su gabardina doblándose, entraron sus palabras envueltas en susurro-. Juré llevarte conmigo y esta noche se cumplirá tu deseo…-le dijo al oído-. Clavé mis marfiles en su aromático y tierno cuello: se queja; pero no despierta, no puede. No lo intentes -la sangre escurría, dejando un sinuoso camino de eternidad; bajando hasta perderse entre su blusa y los pechos de Leonora-. Sentí su cuerpo siendo arrastrado por mi sangre y la de ella en mis adentros… No desesperes, ya esta hecho -le dijo. De la boca del seductor escurría la vida de esa mujer-. Me aparté del cuerpo de una mujer irreconocible, ahora su piel estaba pegada a sus huesos y en sus ojos no había nada; en sus labios solo arena. Sus cabellos grises, marchitos. Su piel arrugada y seca. Ya esta, Leonora. He cumplido… ahora vivirás en mí: eternamente.

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