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La plaza


El niño ríe e inunda de carcajadas la plaza; un viejo de bigote ladeado dormita, el sombrero se aferra a la cabeza del añoso. Aquel perro olisquea las rendijas que dejan  las baldosas al pegarse, sigue un rastro, tal vez, el olor proveniente de la carne de hamburguesa que está comiendo el hombre de traje gris que sostiene un refresco medio lleno sabor mandarina con la mano izquierda. De cuando en cuando de la boca del hombre cae un trozo de lechuga al suelo y el perro, que ya está ahí, lame primero la pincelada de mostaza que ha herido a lo verde de la hoja de lechuga. Termina por comerse aquello. Una mujer con ropa deportiva trota.
El heladero hace repicar sus pequeñas campanas que cuelgan del tubo con el que empuja su carro de helados, no tiene prisa, los niños gritan y señalan al hombre de los helados, las madres que siguen en la platica e ignoran a los infantes. A lo lejos la pareja se besa despacio, hablan, acarician, él le toca los muslos, ella se pone nerviosa y ríe y se aleja un poco, él sigue el juego de las risas y se acerca para besarla por enésima vez, y ella no tiene por dónde escapar, la jardinera la empuja contra el enamorado. Todo aquello es una pintura acompañada por ardillas que se asoman para ver si el pincel alcanza a plasmarlas en el lienzo. 
Pero toda la belleza se aparta al verlo... Es hora, el trabajo debe hacerse… ni hablar. Vuelvo a mirar la fotografía de aquel hombre para estar seguro. No hay duda. 

Me acerqué a él como aquel que va a matar a un hombre y jalé el gatillo en medio de la plaza.

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …