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El hombre de los pasos


Y entonces la sigo, cuidadoso y delicadamente la acompaño sin que se dé cuenta. Pasos siguen adelante y el sonido del taconeo se mezcla con los míos, siendo esto mi camuflaje. Mas  vuelve la mirada por sobre su hombro, como advirtiéndome, me hago el desentendido, el que te sigue es otro y no yo, le digo sin decirle. Cruzamos la avenida, juntos, como enlazados por una cuerda que solo se recrea en mi mente; imaginación del que se deslumbra por la belleza que va delante de él. La gente de apoco se va esfumando de nuestro cuadro y estoy expuesto, siento que la ciudad me desnuda, para que ella me vea, pero la dama sigue sin percatarse del que camina detrás de su acompasada figura. Desnudo voy, y es cuestión de tiempo para darse cuenta de lo que soy en realidad. Ella da vuelta a la izquierda a mitad de la calle, es un callejón, para cortar camino y dé paso la fila de edificios que nos flanquean. No puede desprenderse de mí y camino por la callejuela y ya nada queda que pueda usar para tratar de esconderme. Detiene el paso, quedo inmóvil; tengo la sensación de querer que me vea pero a la vez siento vergüenza y quiero dar la vuelta y que mi espalda la confunda. Es tarde para arrepentirse, me ve, estoy seguro, no atino a decir nada, me quedo mudo. Ella solo mira al cosificado que es incapaz de mover un dedo. No me da importancia y camina hacia la avenida que se ve al final del callejón. Y no la sigo y no la veo y no sé para adónde va porque ya no importa. Siento como un vacío, como si me hubiesen arrancado el alma, no encuentro la justificación de mi existencia. Giro sobre mi propio eje, cabizbajo, aturdido, seco en día lluvioso. Regreso a la calle, por la acera, me voy deshaciéndome de mí, y en un parpadeo la veo, a ella, otra ella, abro bien los ojos, y ya no me siento muerto,  y entonces la sigo… 

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …