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En la ciudad



El gran ojo se cierra poco a poco dejando pasar entre sus pestañas, un color rojizo que delinea el horizonte. La ciudad exhala vapores de hombres y mujeres cansados y hartos; con los cuellos negros que arden, con los ojos irritados y los labios secos. Nadie se mira, las barbillas enterradas en sus pechos, los hombros dormitan, las manos se entrelazan, ya no sudan, solo esperan. Los cabellos cenizos, sedientos descansan adoloridos. Las manos sosteniéndose de los tubos grasientos les cuesta mantener el equilibrio; los pies se quejan y le piden a los dedos moverse de cuando en cuando. Algunas cabezas rebotan sin pudor en las ventanas mancilladas, y el metro sigue avanzando, charlando con los metales, meciendo a su gente, a diario.

Comentarios

  1. Me gustó muucho este micro Juan. Un placer leerte.
    Ya me bajé la revista para leerla tránquila, porque estuve sin computadora un buen tiempo, pero ya volví y hasta ahora lo que vi me encantó. Te voy a mandar algo para colaborar y de paso si te gusta que lo publiques.
    Un abrazo.

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