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En la ciudad



El gran ojo se cierra poco a poco dejando pasar entre sus pestañas, un color rojizo que delinea el horizonte. La ciudad exhala vapores de hombres y mujeres cansados y hartos; con los cuellos negros que arden, con los ojos irritados y los labios secos. Nadie se mira, las barbillas enterradas en sus pechos, los hombros dormitan, las manos se entrelazan, ya no sudan, solo esperan. Los cabellos cenizos, sedientos descansan adoloridos. Las manos sosteniéndose de los tubos grasientos les cuesta mantener el equilibrio; los pies se quejan y le piden a los dedos moverse de cuando en cuando. Algunas cabezas rebotan sin pudor en las ventanas mancilladas, y el metro sigue avanzando, charlando con los metales, meciendo a su gente, a diario.

Comentarios

  1. Me gustó muucho este micro Juan. Un placer leerte.
    Ya me bajé la revista para leerla tránquila, porque estuve sin computadora un buen tiempo, pero ya volví y hasta ahora lo que vi me encantó. Te voy a mandar algo para colaborar y de paso si te gusta que lo publiques.
    Un abrazo.

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Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …