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A las puertas del paraíso


La comunicación entre la Nada y yo es meramente sensitiva, como si fuéramos un algo con axones y mediante los impulsos energéticos iniciáramos la conversación. Y dice, mediante pulsos abstractos azulados, que allí donde ella habita no hay sufrimiento, porque es el paraíso. Dudo, pero el algo que soy se inquieta, me impulsa a decirle a la Nada que me lleve a conocer ese lugar que es mi esperado nirvana donde se fuga el cuerpo junto con todo lo conocido. La Nada, con su infinita bondad lanza otro piquete energético que es un sí piadoso: no pide nada a cambio: ¡misericordiosa! “Llévame” le digo con lo poco que me queda de boca y que lo que soy transforma mi lenguaje vulgar en pulso energético ¡y la Nada pletórica de contento me abraza con amor de madre primeriza, me llena de besos sensitivos entre ondulaciones amarillas, blancas y azules! Qué maravilla…  

Comentarios

  1. La Nada, siempre me atrajo. De hecho la nombro en muchas de mis composiciones... Como tú dices, atrae esa cara afable del Nirvana, donde no se sufre, no se siente, no se NADA.

    A veces, me gustaría apretar el interrptur y desconectarme. Me gusto mucho, Ann@

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I
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