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Presentir la muerte



Dejemos que la muerte sea así, como una sábana blanca que cae lenta sobre nuestro cuerpo. 

No hay que sufrir el antes, al presentirla. 

Dejarse al toque con la muerte, a ese pavimento que se extiende lejos, y luego al golpe que asusta a los que no entienden nada.

Impacto que anula esa muerte, se hace espacio y silencio y entonces todo parece estar tan bien, entonces sentimos que la muerte nos habla —y apenas entendemos alguna cosa. 

Dice que no hay que temerle, que éramos nosotros —siempre fuimos nosotros los que la habitábamos como si estuviese viva, pero ya no importa.

Y entonces
Dejarse como sobre el agua —así de apacible y de única.

Dejarse a la pérdida que solo le duele a los que se quedan creyendo en la muerte —y ellos se parecen tanto a nosotros.

Dejarse a esa ausencia que perciben los que creen en el sueño —en esa decadencia vívida, en esa vida que creen saborear y disfrutar los verdaderos muertos.

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Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …