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De las carroñeras sombras

A veces, de la nada, se generan sombras; asomos irreales de formas cuneiformes: murmuran. He sentido miedo, más cuando pareciera que están riéndose de mí: estoy solo en este cuarto umbrío donde me suicidé. A veces, nubes obtusas, negras, entran a la habitación y aúllan; sufren excitados espasmos de placer, entonces desaparecen: detrás de la puerta de la estancia rebuznan como animales en celo. A un lado de lo que soy ahora está el cuerpo de la mujer de mi vida, tan buena era: la maté porque dijo que nunca podría amarme. Le dije que no se preocupara, que al matarla ella sería un ángel piadoso y que siendo así, me amaría. Pero ya llevo días esperándola. Juro que no me tardé nada: le di un tiro en la cabeza y después hice lo propio conmigo mismo. Debió abandonar su cuerpo ensangrentado casi al mismo tiempo que yo lo hice; sin embargo, no fue así, y estoy preocupado porque no sé cuánto tiempo más podré esperarla: esas malditas sombras están a un paso de tocarme.

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Fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio

Foto de Casa Teodora
Quiero compartirles algunos fragmentos de mi novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje. 2014).
Sobre la obra, La Jornada Jalisco dijo lo siguiente: “"El autor añadió que percibió este relato y su forma de narrarlo como potencialidad creativa, que debía resolver escribiendo las palabras de Octavio. Su proceso creativo lo relacionó con la angustia, como un presagio que le llega repentino. Octavio es un personaje que ya había aparecido en relatos escritos con anterioridad y que se presenta como “necesidad de sacar la sensación del pecho sin saber una trama”, de allí el tono poético en el que presenta la novela. La escritura es para Mireles un conjunto catártico de experiencias". 
Fragmentos:
I
“Hay un silencio, uno de esos silencios de vacío, como los que se producen inmediatamente después de la muerte, de la violenta, después de detonaciones y un cuerpo fantasma que cae del otro lado de la calle, y el silencio ese del que hablo, y no hay nada y más nada …